Informalidad laboral: la enfermedad silenciosa de muchas empresas de familia

El 80 % de las consultas que recibimos de Empresas Familiares están relacionadas con inquietudes sobre su política laboral: 

¿Cómo regular el ingreso de miembros de familia?

¿Qué condiciones y requisitos establecer?

¿Cómo seleccionarlos, evaluarlos, remunerarlos y, eventualmente, cómo desvincularlos?

Detrás de todas esas preguntas casi siempre aparece el mismo diagnóstico: informalidad laboral.

Una enfermedad silenciosa que se instala con buena intención, por ayudar, incluir o proteger, pero que termina afectando el Gobierno, la motivación y la Sostenibilidad y Continuidad de la Empresa.

El video que compartimos hoy aborda, con ejemplos reales, cómo la informalidad laboral se ha convertido en uno de los mayores riesgos invisibles de las Empresas Familiares: deteriora la meritocracia, debilita las estructuras y mina el sentido de justicia que toda organización necesita para perdurar.

Los cinco rostros de la informalidad laboral

  1. La Empresa como seguro de desempleo familiar.
    Muchas compañías terminan asumiendo el rol de refugio para miembros de la familia que no encontraron espacio en el mercado laboral. Personas que no culminaron su formación, que fueron desvinculadas de otros empleos o que están próximas a pensionarse, encuentran en la Empresa Familiar un lugar “donde pasar los años”. Se confunde el amor con la obligación, y la organización se llena de cargos sin propósito ni función real.
  1. El ingreso sin criterios de mérito ni competencia.
    Se normaliza la excepción: contratar al hijo, la sobrina o el primo, aunque no cumpla el perfil, porque “ya aprenderá”. Enfermeras en cargos comerciales, pilotos en funciones administrativas, familiares sin experiencia al frente de áreas clave. En el fondo, se renuncia al principio de profesionalización y se le resta legitimidad al equipo.
  1. Remuneraciones arbitrarias y sin relación con el mercado.
    En muchas Empresas Familiares los sueldos no se definen por responsabilidad, desempeño ni referencia de mercado, sino por criterios subjetivos: “porque es del apellido”, “porque vive solo”, “porque tiene más o menos hijos respecto de los otros miembros de la familia”, o “porque todos los hermanos deben ganar igual”. Este tipo de informalidad erosiona la motivación, genera resentimientos y rompe la equidad interna.
  1. Ausencia de reglas y cumplimiento laboral.
    Se asume que por ser familia no aplican las normas laborales, los horarios, las evaluaciones ni las políticas internas. Cada quien actúa según su conveniencia, y los líderes evitan exigir resultados “para no tener problemas familiares”. En ese ambiente, la Empresa se vuelve tierra de nadie.
  2. Falta de respeto por la autoridad y los roles.
    Cuando todos entran con el sombrero de accionista o de “hijo de”, se pierde la noción de jerarquía. El gerente deja de tener autoridad, las órdenes se negocian y la estructura se desdibuja. En lugar de una organización profesional, aparece una familia desordenada con NIT.

¿Por qué es una enfermedad silenciosa?

Porque se normaliza. Porque empieza en pequeñas concesiones y termina afectando la productividad, la rentabilidad y el clima laboral.

La informalidad laboral no solo vulnera principios legales: erosiona la cultura, daña la credibilidad y bloquea la continuidad generacional. Una Empresa Familiar que tolera la informalidad laboral está hipotecando su futuro.

Te invitamos a ver el video

En este video analizamos casos reales, causas y consecuencias de esta enfermedad silenciosa y cómo las Familias Empresarias pueden iniciar un proceso de formalización sin romper vínculos, pero sí construyendo institucionalidad.

Te invitamos a reflexionar ¿cuánta informalidad laboral hemos normalizado en nuestra Empresa Familiar?

Mira el video y empieza la conversación en tu Familia Empresaria hoy mismo!